Xojobal jk’optik: El resplandor de nuestra palabra a través del lente

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#HistoriasQueInspiran. Conoce a 10 activistas que usan los medios digitales para fortalecer y promover las lenguas mayenses en México.

Cosecha de maíz. Las manos de una persona mayor tomando una mazorca de la milpa

Cosecha de maíz y frijol. Foto: Patricia López Díaz

Ich’a spatibal awot’anik. Mi historia comenzó en una pequeña comunidad donde aún se respira el silencio y el canto de las aves que anuncian un nuevo amanecer. Ubicada en la meseta central, en el límite entre la tierra fría y la tierra caliente, mi comunidad es un corredor de vientos constantes y amaneceres envueltos en neblina. 

Mi nombre es Patricia López Díaz, mujer maya tseltal. Nací en Campo Santiago, municipio de Teopisca, Chiapas; una comunidad fundada en los años 60, pero consolidada oficialmente el 8 de noviembre de 1979 por un grupo de hablantes del maya tseltal, descendientes de municipios aledaños como Chanal, quienes llegaron a estas tierras en busca de un lugar donde sembrar sus sueños y seguir escribiendo su historia.

Nuestra vida en Campo Santiago está ligada a la agricultura: la siembra y cosecha de maíz y frijol para el sustento familiar. Junto a esto, la elaboración de tostadas de maíz que las familias venden en las ciudades vecinas es una actividad económica que ha trascendido generaciones y que nos identifica como comunidad. Nuestros abuelos y abuelas nombraban al mundo desde el bats’il k’op, con un respeto profundo hacia la Madre Tierra. Sin embargo, ese tejido que nos sostiene ha comenzado a perder territorio; el vínculo se debilita. Por diversos factores, entre ellos la migración por la búsqueda de nuevas oportunidades, muchos jóvenes han dejado atrás no solo su tierra, sino también el uso cotidiano de nuestra lengua. Aunado al desvanecimiento de la biodiversidad local, se pierden los conocimientos y el habla. Es en este punto de inflexión donde mi camino personal se cruza con el colectivo.

Una carretera de cemento, con montañas al fondo. Se ven algunos árboles y casas a la orilla. Hay muchas nubes alargadas en el cielo con distintos tonos de luces

Campo Santiago, Teopisca. Foto: Patricia López Díaz

Crecí en el seno de una familia que me enseñó el valor del trabajo y el respeto por lo que la tierra nos regala. Mis abuelos y mis padres fueron mis primeros maestros de vida; de hecho, sigo aprendiendo de ellos, pues hoy todavía camino junto a mi padre cuando llega el momento de limpiar el terreno o levantar la cosecha. Recorrer los campos a su lado me sensibiliza sobre la importancia de no dejar morir la memoria de quienes caminaron antes que nosotros. Es por ello que deseo que las infancias y juventudes de Campo Santiago vuelvan, volvamos a mirar nuestro entorno. Que, a través de la comunicación y la fotografía, encuentren motivos para nombrar su mundo desde el bats’il k’op, reconociendo en los rostros de los mayores y en la riqueza de la tierra una herencia que merece ser protegida y visibilizada.

Motivada por este deseo de que las juventudes reconozcan su propia luz y memoria histórica, nace el proyecto Xojobal jk’optik. A través de la documentación fotográfica y audiovisual, busco que las nuevas generaciones no solo capturen imágenes, sino que registren el resplandor de nuestras palabras. Quiero que la lente sea una herramienta para detener el tiempo y rescatar los saberes, transformando la tecnología en un aliado de nuestra memoria viva. Nombré así el proyecto porque la fotografía es luz: Xojobal se traduce como luz, reflejo, resplandor o luminosidad y jk’optik como nuestra palabra o nuestra lengua.

Una mujer con cabello largo negro y blusa blanca parada sonriendo frente a una pared de color crema

Foto: Patricia López Díaz

Este proyecto se desarrollará con estudiantes del Telebachillerato Comunitario 237 “Aristóteles”, en el Ejido Campo Santiago, Teopisca, Chiapas. Para lograrlo, impartiré talleres que abordarán la cosmovisión tseltal y su relación con la tierra, fotografía básica (uso cámaras y/o teléfonos), narrativa visual y ética en la fotografía de naturaleza. El producto final será un blog de narrativa visual y una exposición fotográfica, tanto física como digital. De esta manera, los jóvenes participarán activamente en la documentación de la biodiversidad y en la recuperación del vocabulario vivo; entendiendo que, si una lengua se silencia, se desvanecen también las creencias ancestrales. El proyecto no solo busca que la juventud tome una foto, o grabe un video, si no que ellos sean parte del proceso de acción-participativa, conversar con el abuelito o abuelita fortalecerá los vínculos comunitarios en la transmisión oral del conocimiento.

Mi paso por la Universidad Intercultural de Chiapas y cursar la Licenciatura en Comunicación Intercultural, fue el espacio donde me conecté con la fotografía. Me considero una aprendiz constante de la fotografía de naturaleza; a veces estamos tan sumergidos en la cotidianidad que dejamos pasar instantes increíbles que podrían capturarse desde una narrativa con sentido. Asimismo, mi participación en talleres de poesía despertó en mí la inquietud de explorar la escritura en tseltal desde la observación de mi entorno comunitario.

A lo largo de mi caminar personal y profesional, he implementado talleres de lectoescritura en bats’il k’op con niñeces y adultos. Mi labor como facilitadora bilingüe me ha permitido interactuar con personas de Oxchuc, Tenejapa, San Juan Cancuc, Amatenango del Valle y Chanal, experiencias que han enriquecido mi comprensión de la región y lo lindo de conocer un poco de la riqueza cultural y lingüística de los mayas tseltales. Seguir preservando nuestra lengua materna en medios digitales es un acto de resistencia cultural. Si promovemos nuestras lenguas en estos espacios, a las nuevas generaciones les resultará más dinámico interactuar desde sus dispositivos.

Un corredor de un Telebachillerato pintado de rojo y blanco, la pintura esta algo desgastada. Se ve un camino de tierra enfrente y una parte de una casa azul en la parte izquierda

Telebachillerato comunitario, Campo Santiago, Teopisca. Foto: Patricia López Díaz

Este proyecto me entusiasma como una oportunidad de transformar la experiencia individual en un aprendizaje colaborativo; siempre «somos con el otro», entendiendo que el conocimiento solo trasciende cuando se comparte. Mi propósito es revitalizar nuestra lengua y entorno natural, reconociendo que la vitalidad de nuestra cultura depende de una reflexión interna constante. No se pretende idealizar o romantizar el territorio, se busca identificar áreas de oportunidad para evolucionar nuestras prácticas comunitarias. En este sentido, las herramientas digitales son aliadas estratégicas para fomentar una participación equitativa de las juventudes, construyendo una convivencia que refleje valores de equidad, justicia y comunidad.

Por eso, te invito a que sigamos sumando esfuerzos desde donde estemos, trabajando juntos para que nuestras lenguas originarias tengan el lugar que merecen en las plataformas digitales.

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