Kixtup: Alguien que aprendió chuj siendo chuj

#HistoriasQueInspiran. Conoce a 10 activistas que usan los medios  digitales para fortalecer y  promover las lenguas mayenses en México. 

“Pixan ixim ixim- el Corazón-dueño del maíz”. Lectura de narrativas sobre el pixan del maíz, para respetar la vida. Foto: Kixtup

Estoy tomando café y escuchando música chuj, en una tarde que parece que el cielo llora.Pequeñas gotas caen por los canales de la lámina de la cocina de mi madre. Este día conspira como para escribir este ensayo y no hay mejor lugar que este rinconcito del mundo. Entre cierro los ojos y miro por la ventana, vuelvo a sentir. Mi memoria me lleva a la comunidad donde enterraron mi ombligo, ese pequeño espacio donde pasé mi niñez. El lugar se llamaba Campamento Porvenir I. Se preguntarán —o quizá no—, ¿Por qué campamento? Resulta que mis padres son refugiados guatemaltecos en México. 

En los 80’s, un ser sin corazón, presidente de Guatemala, mandó a matar a mucha gente por el hecho de no alienarse a sus políticas y defender su tierras ante el despojo. Entre esa gente estaban Diego y Elsa, mi madre y mi padre (eran unos niños apenas). Durante la masacre, mis abuelitos, buscaron refugio para salvar sus vidas en las comunidades fronterizas del estado de Chiapas; otras personas, de distintos pueblos, se refugiaron en otros estados, incluso en otros países.

Después de algunos años viviendo en calidad de refugiados en los campamentos, Elsa y Diego se conocieron ¿se imaginan un amor en tiempos de guerra? De este encuentro nací yo, Cristóbal Pérez Tadeo (Kixtup), un chuj más, uno de tantos niños que nacieron en ese tiempo. Un diminuto ser entre billones de seres en el yib’anhk’inal (mundo).

Durante el refugio se nos prohibió hablar el idioma, se nos prohibió vestir nuestra ropa chuj, se nos obligó hablar español. No les cuento cómo fue el proceso porque es doloroso física y emocionalmente. Muchos años reproché a mi mamá y papá el por qué no me enseñaron chuj de niño — “Pero si tanto querés hablar chuj, ahora que ya no hay nadie quién te lo impida ¡aprendé!” — dijo mi papá, dolido de escuchar mis recriminaciones. 

Justo entrando a la secundaría, comienzo a hablar en chuj. Entendía todo, lo difícil era pronunciarlo. De hecho, aprendí a escribir chuj antes de hablarlo bien. El contexto social y cultural para aprender el idioma continúa siendo difícil, muy difícil. Me sume a iniciativas que apoyan la reivindicación de idiomas maternos, le sugerí a mi familia que me hablaran más en chuj que en español; como una forma para aprender hablar la lengua. Si para los pueblos originarios de México (y de otras partes del planeta) el tema de la negación, el racismo, la discriminación es lo cotidiano; ahora, ser chuj, pobre y refugiado guatemalteco, lo es aún más. Existe un dicho regional que remarca esta discriminación: “Guatemala gente mala”, para decir que lo que proviene de allá es indeseable.

Mi madre, mi padre, sabiendo lo que era vivir en tensión y contradicción, me apoyaron a hablar en koti’ (nuestro idioma, ‘chuj’). Me sumé a espacios donde se hablaba de temas sobre idiomas originarios y su importancia. Aprendí a refrendar compromisos. Aprendí a no tener miedo al momento de hablar sobre mis orígenes, ratifiqué el compromiso de continuar con la enseñanza del idioma. 

Continué mis estudios escolares con temas relacionados a la cultura y al idioma chuj, pero hace mucho que me pregunto, ¿qué habrá pasado con mis contemporáneos? ¿qué está pasando con las niñeces y juventudes desplazadas, que no tuvieron papás con la fuerza que Elsa y Diego tuvieron para enseñarme el idioma?

Ahora con mucho compromiso y humildad, digo que soy chuj, trabajo la santa tierrita (en diminutivo no para restarle importancia, sino para respetar su carácter sagrado) para sembrar y cosechar maíz y frijol para el autoconsumo. He sido autoridad comunitaria. Estudié el doctorado en Antropología y Etnología, en el Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (CIMSUR-UNAM). Me titulé de la maestría en Estudios Culturales por la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH). Tengo la licenciatura en Lengua y Cultura por la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), donde también fui profesor en la unidad de Oxchuc. He colaborado con la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala -Comunidad Lingüística Chuj. 

Mis trabajos de investigación están encaminados a la reivindicación cultural y lingüística del pueblo chuj en Chiapas, además intento introducir un quiebre que visibilice la dimensión onto-epistémica y política del conocimiento originario. He sido director de algunas tesis de licenciatura. Autor y coautor de algunos capítulos de libros y artículos en revistas académicas. Mis trabajos también están orientados a reflexionar sobre los modos de vida, los conocimientos culturales, la cosmovisión y el idioma del pueblo chuj. Mi familia es mi inspiración.

Dentro de mi trayectoria, resalta mi participación en Rising Voices, como mis primeros pasos al “activismo digital”, con el proyecto “Te’ k’ak’: el abuelo fuego”, donde pretendo documentar narrativas que las abuelas y abuelos saben sobre los los witz ak’lik (dueños de lugar). Esta iniciativa nace de mi preocupación por la explotación/desastre/irrespeto que actualmente le estamos haciendo al cerro Zacatepec (Cerro Milagroso) de mi comunidad. Nos hemos olvidado de su carácter sagrado, hemos olvidado darle su presente (velas). Me preocupa que en unos años o menos, ya no tengamos agua, que la lluvia puede escasear por que ya no estamos respetando el  pixan (corazón-dueño) del Cerro Milagroso. Las infancias y la juventud, tienen y deben saber esto, esperando que a futuro reivindiquemos nuestra práctica cultural para con Zacatepec. 

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